El T-MEC no se acaba de inmediato, pero su continuidad de largo plazo quedó en duda tras la decisión de Estados Unidos de no extenderlo en su forma actual durante la revisión sexenal de 2026. Reuters reportó que la postura abre una cuenta regresiva de diez años hacia una posible terminación si los tres países no logran un acuerdo posterior.

El tratado entró en vigor el 1 de julio de 2020 y fue diseñado con una vigencia inicial de 16 años. Su propio texto establece que puede terminar 16 años después de su entrada en vigor, salvo que México, Estados Unidos y Canadá confirmen que desean extenderlo por otro periodo igual.

La diferencia central está entre renovar y renegociar. Renovar implicaría dar continuidad al acuerdo por otros 16 años. No hacerlo no cancela automáticamente el tratado, pero activa revisiones anuales que pueden prolongarse hasta 2036 si no hay consenso entre los tres países.

Para México, el principal efecto inmediato es la pérdida de certidumbre. Las empresas que planean nuevas plantas, contratos de largo plazo o inversiones ligadas al nearshoring tendrán que considerar que cada revisión anual puede convertirse en un nuevo episodio de presión comercial.

La administración de Donald Trump busca cambios en temas sensibles como reglas de origen, industria automotriz y restricciones para evitar que productos de países no miembros, especialmente China, se beneficien del acuerdo comercial de Norteamérica.

El impacto potencial es relevante porque México depende de manera estratégica del acceso preferencial al mercado estadounidense. El País reportó que alrededor de 82% de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos están libres de aranceles bajo el acuerdo.

Por ahora, no cambian automáticamente las reglas del T-MEC, no desaparecen las preferencias arancelarias y no se cancela el comercio trilateral. Sin embargo, el tratado sí queda sujeto a una ruta menos estable, con revisiones periódicas y mayor presión política desde Washington.

Además, el propio acuerdo permite que cualquiera de los tres países se retire mediante aviso por escrito, con efectos seis meses después. Esa cláusula no equivale a una salida automática en 2026, pero sí forma parte del margen de presión previsto en el tratado.