Por Bruno Cortés
En política, pocas cosas pesan tanto como la palabra “unidad”, y eso lo dejó claro el coordinador de Morena en San Lázaro, Ricardo Monreal Ávila. Desde su doble papel como líder de la bancada y presidente de la Junta de Coordinación Política, lanzó un mensaje directo: si Morena y sus aliados quieren mantener el rumbo en 2027, necesitan ir juntos y sin divisiones.
El contexto no es menor. Su hermano, el senador Saúl Monreal, ha expresado interés en competir por la gubernatura de Zacatecas, estado que hoy gobierna otro integrante de la familia. Ricardo Monreal fue claro: no está de acuerdo con que un hermano suceda a otro. Más allá del apellido, explicó que en Morena existen acuerdos internos para evitar lo que llaman “nepotismo electoral”, es decir, que familiares directos se hereden candidaturas en cadena.
Aquí vale la pena traducirlo. Aunque la Constitución ya contempla reglas contra el nepotismo, muchas de esas disposiciones tienen lo que se conoce como “vacatio legis”: se aprueban hoy, pero entran en vigor años después. Eso significa que, legalmente, algunos casos todavía podrían competir sin violar la norma constitucional. Sin embargo, Morena decidió aplicarlo como regla interna desde ahora. Es una decisión política más que jurídica.
Monreal también respaldó la línea de la presidenta Claudia Sheinbaum: respetar los acuerdos del Consejo Nacional del partido. Dijo que hablará con su hermano para convencerlo de esperar y mantener la cohesión. Su argumento es sencillo: divididos, las probabilidades de triunfo bajan; unidos, se fortalecen.
El legislador amplió el panorama hacia la coalición con el PVEM y el PT. Reconoció que la regla contra el nepotismo, en sentido estricto, solo obliga a Morena, no a sus aliados. Eso abre un debate interesante: lo que para un partido es una línea ética interna, para otro puede ser una decisión estratégica distinta. En política de coaliciones, estos matices importan, porque cualquier ruptura puede costar votos.
Sobre la posibilidad de que la senadora Ruth González Silva, del Verde, aspire a la gubernatura de San Luis Potosí —donde su esposo es el actual mandatario—, Monreal fue cuidadoso. Señaló que legalmente podrían hacerlo, pero subrayó que lo ideal sería que las dirigencias nacionales dialoguen para evitar fracturas rumbo a 2027. Para él, no hay rebelión ni desafío interno, sino movimientos normales dentro de los tiempos políticos.
En términos de política pública, el mensaje de Monreal va más allá de nombres y estados. Habla de reglas internas, disciplina partidista y construcción de mayorías. En el Congreso, donde se aprueban presupuestos, reformas económicas y cambios constitucionales, la cohesión de una bancada y de una coalición es clave. Sin mayoría sólida, cualquier agenda —desde programas sociales hasta reformas fiscales— puede trabarse.
Monreal insiste en que no minimiza a la oposición y que en democracia nadie tiene el triunfo asegurado. En otras palabras, la competencia existe y el desgaste del poder también. Por eso, dice, la estrategia no puede ser la confrontación interna, sino la congruencia y el acuerdo político.
De cara a 2027, el mensaje es claro: la fortaleza de Morena y sus aliados dependerá menos de los apellidos y más de su capacidad para mantener cohesión. En política, la unidad no es discurso; es aritmética electoral.
