Vie. Mar 20th, 2026

El regreso al gimnasio después de un periodo de inactividad puede convertirse en un arma de doble filo: aunque representa una oportunidad para retomar hábitos saludables, también incrementa el riesgo de lesiones si no se realiza de manera adecuada. Fisioterapeutas y especialistas en traumatología coinciden en que el desconocimiento de las señales de alerta, la mala técnica y la falta de acompañamiento profesional son factores determinantes en la aparición de molestias frecuentes como tendinopatías, sobrecargas musculares y dolores lumbares.

De acuerdo con información difundida por el portal CuidatePlus y respaldada por expertos, muchas de las lesiones en el gimnasio se deben a errores básicos como levantar más peso del recomendado, omitir el calentamiento o ejecutar mal los ejercicios. El especialista en cirugía ortopédica Francisco Manuel Rodríguez advierte que estos problemas son especialmente comunes en personas que no son deportistas profesionales y que retoman la actividad física sin preparación previa.

En este contexto, instituciones como la National Library of Medicine señalan que aún existe un conocimiento limitado sobre la prevalencia de lesiones por sobreuso en gimnasios, aunque destacan que estas pueden afectar a cualquier persona, independientemente de su nivel de experiencia. El aumento de usuarios en estos espacios también ha contribuido a una mayor incidencia de microtraumatismos repetitivos, particularmente en hombros, rodillas y muñecas, así como lesiones agudas en la zona lumbar.

Uno de los pilares fundamentales para evitar estos problemas es la planificación del entrenamiento. Los fisioterapeutas recomiendan iniciar con un 50 o 60% del volumen habitual y priorizar siempre la técnica por encima del peso. La supervisión profesional resulta clave, especialmente en las primeras etapas o si existen antecedentes de lesión. Asimismo, realizar una evaluación inicial mediante cuestionarios médicos permite adaptar la rutina a las necesidades individuales.

Una programación equilibrada debe contemplar el trabajo de todos los grupos musculares a lo largo de la semana, combinando ejercicios de empuje, tracción, fortalecimiento del core, movimientos de cadera y rodilla, además de actividad aeróbica. El calentamiento previo es indispensable para preparar músculos y articulaciones, mientras que los ejercicios de movilidad contribuyen a reducir el riesgo de daño. Aunque la flexibilidad al final de la sesión favorece la recuperación, su impacto en la prevención de lesiones es menor de lo que se creía.

El entrenamiento de fuerza, por su parte, desempeña un papel central en la mejora de la composición corporal. Diversos estudios demuestran que el aumento de masa muscular acelera el metabolismo basal, lo que facilita la quema de grasa incluso en reposo. Sin embargo, este tipo de ejercicio debe realizarse con una progresión adecuada. Expertos como Edward Laskowski, de la Mayo Clinic, insisten en que la “práctica perfecta” es más importante que la intensidad. Una técnica incorrecta no solo reduce la eficacia del ejercicio, sino que aumenta considerablemente el riesgo de lesión.

Escuchar al cuerpo es otro aspecto esencial. La percepción del esfuerzo debe mantenerse en un nivel moderado, entre 7 y 8 en una escala de 0 a 10. Ningún ejercicio debería causar dolor durante su ejecución, y si una molestia persiste más de cinco días, es recomendable acudir a un especialista. El dolor agudo, lejos de ser un signo de progreso, es una señal de alerta. Así lo advierte Dominic King, médico deportólogo de la Cleveland Clinic, quien subraya que entrenar sobre el dolor puede derivar en lesiones crónicas.

El descanso también forma parte del entrenamiento. Dejar días de recuperación entre sesiones similares permite que los tejidos se adapten al esfuerzo y reduce el riesgo de sobrecarga. Además, una correcta respiración —exhalando durante el esfuerzo— ayuda a mantener la estabilidad y evitar tensiones innecesarias.

Finalmente, las personas con enfermedades como hipertensión, diabetes, osteoporosis u obesidad deben consultar con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier rutina. El ejercicio es altamente beneficioso en estos casos, pero requiere un enfoque personalizado y supervisado.

La prevención de lesiones en el gimnasio no depende de un solo factor, sino de un conjunto de hábitos: técnica adecuada, progresión gradual, descanso suficiente y acompañamiento profesional. Adoptar estas medidas no solo permite entrenar con seguridad, sino también aprovechar al máximo los beneficios del ejercicio sin poner en riesgo la salud.

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