Lun. Mar 2nd, 2026

Los microsismos registrados en distintas zonas de la capital, particularmente en el poniente y sur, responden a la interacción de fallas geológicas locales, la sobreexplotación de acuíferos y a una mayor capacidad de detección instrumental, de acuerdo con especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Servicio Sismológico Nacional (SSN). Aunque su magnitud suele ser menor a 3.5, su cercanía a la superficie los hace perceptibles para la población.

De acuerdo con el SSN, estos eventos se originan principalmente en fallas locales como las de Barranca del Muerto y Mixcoac, ubicadas en la zona poniente de la capital. A diferencia de los grandes sismos que se generan en la costa del Pacífico por la subducción de placas, los microsismos capitalinos ocurren a profundidades someras, en ocasiones cercanas a un kilómetro, lo que incrementa la percepción del movimiento pese a su baja energía liberada.

Investigadores de la UNAM han explicado que estas fallas forman parte de un sistema geológico activo asociado a la dinámica del Eje Volcánico Transmexicano, una provincia tectónica que atraviesa el centro del país y que contribuye a la deformación de la corteza terrestre en el Valle de México. Esta condición geológica favorece la acumulación de esfuerzos que eventualmente se liberan en forma de microsismos.

Otro factor relevante es la sobreexplotación de los acuíferos. Estudios universitarios señalan que la extracción intensiva de agua subterránea provoca hundimientos diferenciales del suelo, lo que modifica el estado de esfuerzos en las fallas geológicas superficiales. En 2023, la UNAM reportó la detección de sismos lentos —movimientos que liberan energía gradualmente sin generar sacudidas perceptibles inmediatas— que podrían estar relacionados con secuencias posteriores de microsismos en alcaldías como Álvaro Obregón, Coyoacán y Magdalena Contreras.

Las secuencias sísmicas recientes refuerzan esta hipótesis. Tan solo en mayo de 2023 se registraron más de 39 eventos en un periodo corto, mientras que durante 2024 y 2025 se han reportado nuevos episodios concentrados en el poniente y sur de la ciudad. Según el SSN, estos patrones apuntan a una interacción entre fallas locales y acumulación de estrés tectónico, más que a la antesala de un sismo de gran magnitud.

Especialistas subrayan que el aumento en el número de registros también responde a la modernización y densificación de la red de monitoreo sísmico. La mejora tecnológica permite identificar eventos que antes pasaban desapercibidos, lo que puede generar la percepción de mayor frecuencia sin que necesariamente exista un incremento sustancial en el riesgo.

Las autoridades académicas y de protección civil coinciden en que, hasta el momento, no existe evidencia científica que vincule estos microsismos con la inminencia de un gran terremoto. Sin embargo, recomiendan mantener el monitoreo constante y reforzar las medidas de prevención estructural y cultura de protección civil, dada la vulnerabilidad histórica de la capital ante fenómenos sísmicos.

En este contexto, el llamado institucional es a informarse a través de fuentes oficiales, evitar la difusión de rumores y fortalecer la preparación ciudadana. La comprensión de la dinámica geológica local, advierten los expertos, es clave para dimensionar adecuadamente el fenómeno y evitar interpretaciones alarmistas sin sustento técnico.

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