Mientras millones de aficionados siguen cada febrero el desarrollo del Super Bowl, el analista financiero Manuel Herrejón Suárez plantea una mirada distinta al evento: más allá del espectáculo deportivo, lo interpreta como un fenómeno económico que deja huella tangible en México a través del comercio, la manufactura, la agroindustria, la publicidad y el consumo.
En su análisis, Herrejón sostiene que el Super Bowl no es solo el partido más visto del mundo, sino “una temporada de consumo concentrada en un solo día”. En 2024, el gasto total asociado al evento en Estados Unidos superó los 16 mil millones de dólares entre alimentos, bebidas, entretenimiento y apuestas, lo que lo convierte en un motor coyuntural de demanda con efectos que trascienden fronteras.
Desde la perspectiva de Herrejón Suárez, México participa de manera directa en este ciclo económico, aunque no siempre se haga explícito. El primer canal de transmisión de estos efectos, explica, es el comercio y la manufactura. Una parte significativa de los bienes que se consumen durante el Super Bowl, desde pantallas y sistemas de audio hasta empaques e insumos alimentarios, forma parte de cadenas productivas integradas en las que México es eslabón clave.
“Cuando el Super Bowl dispara la demanda en Estados Unidos, nuestras fábricas, puertos y proveedores también sienten ese impulso”, apunta el analista, subrayando el grado de integración productiva de Norteamérica.
Un caso emblemático es el del aguacate mexicano. De acuerdo con estimaciones del sector, cada edición del Super Bowl detona el consumo de más de 150 mil toneladas de aguacate en Estados Unidos, gran parte proveniente de Michoacán. Para Herrejón, esta cifra no es anecdótica: implica la movilización de miles de productores, empacadoras, transportistas y exportadores que preparan su oferta con meses de anticipación.
“Mientras millones celebran con chips y guacamole, México está literalmente dentro del plato”, afirma, aludiendo al peso económico de esta agroindustria y su impacto en empleo e ingreso regional.
En su lectura, este fenómeno revela una relación de complementariedad (y dependencia mutua) entre ambas economías. México no aparece como receptor pasivo de beneficios, sino como proveedor estratégico dentro de la cadena de valor.
Un segundo ángulo que destaca el empresario mexicano con más de dos décadas en el sector financiero, es el publicitario y mediático. Los anuncios del Super Bowl, los más caros y sofisticados del mundo, suelen adaptarse al mercado mexicano, lo que activa a agencias creativas, productoras, medios y talento local. Para Herrejón, esto representa una industria de alto valor agregado que proyecta a México como un mercado relevante para marcas globales.
El tercer canal de impacto es el turismo y la experiencia. Aunque el partido se juega en Estados Unidos, en México se detonan viajes internos, eventos paralelos, activaciones de marca y experiencias premium vinculadas al Super Bowl. Hoteles, bares, restaurantes y centros de convenciones capitalizan el interés, especialmente en ciudades como Monterrey, Guadalajara y la Ciudad de México.
Además, el analista considera que el evento refuerza la posición de México como mercado estratégico para la NFL, lo que se refleja en partidos de temporada regular jugados en territorio nacional y en el creciente interés de patrocinadores e inversionistas.
Desde su óptica financiera, el Super Bowl también funciona como recordatorio de la profunda integración económica de México con Estados Unidos. “Cada pantalla vendida, cada aguacate servido y cada anuncio transmitido tiene trazas de valor agregado mexicano”, sostiene.
No obstante, Herrejón advierte que el país no puede conformarse con beneficiarse “por inercia”. Para maximizar estas ganancias, plantea la necesidad de fortalecer la logística, garantizar certeza regulatoria y seguir desarrollando talento calificado.
En su balance final, el analista propone ver el Super Bowl como un termómetro de competitividad. Si las exportaciones crecen, la agroindustria responde, la manufactura cumple y el consumo interno se activa, entonces México estará “jugando bien su propio partido”.
Para Herrejón Suárez, el verdadero Super Bowl de México no se disputa en el campo, sino en fábricas, puertos, aduanas, huertas de aguacate, estudios de grabación, agencias creativas, hoteles y restaurantes en todo el país.
