La salud financiera de las pequeñas y medianas empresas (pymes) en México no depende exclusivamente del volumen de ventas, sino de la liquidez inmediata. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la falta de flujo de efectivo es la causa principal por la que muchos negocios terminan cerrando, pues aunque facturen millones, si la lana no entra a tiempo, la operación se descabalga.
El fenómeno de vender a crédito sin tener el capital de trabajo suficiente es una trampa común. Los empresarios suelen alegrarse por un aumento en la facturación, pero al final del mes se dan cuenta de que no tienen para pagar la nómina ni a los proveedores. En términos coloquiales, se la pasan vendiendo humo y haciendo caja chica, mientras los clientes se tardan meses en aflojar el billete.
Para revertir esta situación, la primera medida es acelerar el cobro a los clientes. Ofrecer descuentos por pronto pago, por ejemplo, un 2% o 5% si la liquidación es inmediata, incentiva a los compradores a soltar la presa. Implementar sistemas de facturación electrónica con recordatorios automáticos de vencimiento también ayuda a que los deudores no se hagan los desentendidos y paguen en los plazos establecidos.
En el frente de los gastos, negociar mejores plazos con los proveedores es fundamental. El objetivo es sincronizar las cuentas por cobrar con las cuentas por pagar. Si un cliente paga a 30 días, el empresario debe buscar que su proveedor le dé 45 o 60 días para liquidar la mercancía. De esta manera, se estira la cobija y se evita tener que sacar dinero de otras fuentes para cubrir huecos.
Otra regla de oro es evitar financiar a los clientes sin un control estricto. Fiar a todo el que pite, sin evaluar su historial crediticio, convierte a la empresa en un banco que no cobra intereses. Es indispensable realizar estudios de mercado y crédito, establecer límites de financiamiento y, en caso de ofrecer crédito, cobrar una tasa que al menos cubra la inflación y el costo de oportunidad de ese dinero.
La gestión de inventarios también juega un papel crucial en la liquidez. Tener el almacén lleno de mercancía que no rota es tener el dinero parado y juntando polvo. Los negocios deben identificar los productos de lenta salida y liquidarlos, aunque sea a costo, para recuperar el efectivo. Hacer caja con inventario obsoleto es mejor que tener el activo guardado sin generar un solo peso.
La tecnología es una aliada que no puede pasarse por alto. Utilizar plataformas de factoraje financiero permite vender las facturas por cobrar a terceros para obtener el dinero de inmediato, aunque se pierda un pequeño porcentaje. Aunque parezca que se le echa agua a los frijoles, tener la liquidez al instante permite aprovechar oportunidades de negocio que de otro modo se escaparían.
El contexto macroeconómico actual, con las tasas de interés del Banco de México (Banxico) en niveles elevados, hace que endeudarse sea una opción costosa. Pedir un crédito bancario para cubrir la falta de flujo de efectivo termina por comerse las utilidades del negocio. Por ello, la prioridad debe ser generar caja internamente y no depender de la deuda externa para mantener la operación diaria.
Finalmente, es vital separar las finanzas personales de las del negocio. Un error recurrente entre los emprendedores es meter la mano a la caja registradora para los gastos de la casa o para caprichos personales. Llevar una contabilidad rigurosa, asignarse un sueldo fijo y reinvertir las utilidades de forma ordenada es la única forma de asegurar que el negocio no se quede en la ruina y siga dando guerra.
