Por Juan Pablo Ojeda
La FIFA enfrenta un desafío logístico y financiero a pocas semanas del inicio del Mundial 2026. Documentos internos citados por The New York Times revelan que, hasta el 10 de abril, el partido inaugural de la selección de Estados Unidos frente a Paraguay apenas alcanzaba una ocupación del 58%, con 40,934 boletos vendidos de una capacidad cercana a los 70,000 asientos en el SoFi Stadium de Los Ángeles.
La razón principal del estancamiento en la comercialización parece ser el costo excesivo de los tickets. Las plataformas especializadas sitúan el precio de las entradas más económicas por encima de los 2,000 dólares (aproximadamente 34,655 pesos mexicanos). Este nivel tarifario contrasta drásticamente con otros encuentros del torneo, como el duelo entre Irán y Nueva Zelanda, que ha logrado vender 50,661 localidades con precios base que no superan los 400 dólares.
El contraste en las cifras de venta pone en evidencia la fricción entre la estrategia de precios de la FIFA y la disposición de gasto del aficionado local. A pesar de ser el anfitrión, el público estadounidense ha mostrado una respuesta más lenta ante el debut nacional que ante encuentros de menor jerarquía teórica, sugiriendo una sensibilidad al precio que no fue calibrada correctamente durante la planificación de las fases de venta.
El reporte destaca una disparidad operativa significativa: el debut de EE. UU. el 12 de junio presenta una tasa de ocupación inferior a la de partidos programados para fechas posteriores en el mismo recinto. Aunque los datos no desglosan la disponibilidad de paquetes VIP, la cifra bruta de boletos vendidos confirma que el objetivo de «estadio lleno» para la inauguración local está lejos de garantizarse bajo el esquema tarifario actual.
El fenómeno de los precios elevados no se limita a las entradas para los partidos. La infraestructura complementaria también registra costos extraordinarios: el estacionamiento en los estadios asciende a más de 200 dólares por evento, y la logística de transporte interno, como los traslados desde Nueva York hacia el estadio MetLife, supone una inversión adicional de 150 dólares.
Desde el inicio del proceso de venta el pasado septiembre, la estrategia comercial de la FIFA ha sido objeto de críticas recurrentes. La acumulación de costos —boletos, movilidad y servicios básicos— parece estar creando una barrera de entrada que altera los pronósticos de asistencia proyectados inicialmente por los organizadores del certamen en los tres países sedes.
La presión recae ahora sobre los organizadores locales para evaluar ajustes estratégicos que permitan incrementar la ocupación en los partidos de alta demanda. Con el inicio del torneo fijado para el 11 de junio, la FIFA dispone de un margen estrecho para corregir la percepción de costo-beneficio antes de que la vacancia de asientos se convierta en una imagen persistente durante el torneo.