Lun. Abr 13th, 2026

 

Por Bruno Cortés

 

En el Congreso mexicano, el tema migratorio volvió a tomar fuerza, pero esta vez con un enfoque más amplio: dejar de verlo solo como un problema de paso y entenderlo como una realidad permanente. La diputada Ana Erika Santana González impulsó el foro “Migrar es existir”, donde especialistas y autoridades coincidieron en algo clave: la movilidad humana ya no es temporal, es estructural.

Para entenderlo fácil, México dejó de ser únicamente un país de tránsito. Hoy también es destino. Así lo explicó Alejandra Carrillo, representante de la Agencia de la ONU para los Refugiados, al señalar que el país registró más de 140 mil solicitudes de asilo en 2023. Tan solo la Ciudad de México concentró más de 30 mil, lo que la coloca como uno de los principales puntos de llegada para quienes buscan rehacer su vida.

Esto cambia por completo la lógica de las políticas públicas. Ya no se trata solo de contener o detener flujos migratorios, sino de integrar a las personas: darles acceso a empleo, salud, educación y documentos. En otras palabras, pasar de ver a los migrantes como una carga a reconocerlos también como una oportunidad para el desarrollo económico y social.

Desde el gobierno, el Instituto Nacional de Migración también reconoce la complejidad. Su representante explicó que México es al mismo tiempo origen, tránsito, destino y retorno de migrantes, algo que pocos países enfrentan al mismo nivel. En respuesta, se han entregado más de 1.4 millones de tarjetas migratorias en los últimos años y se han implementado trámites digitales para agilizar procesos.

Pero el reto no es solo administrativo. En la práctica, hay problemas de fondo: rutas peligrosas, falta de acceso a servicios y, sobre todo, miedo. Por ejemplo, muchos migrantes evitan acudir a consulados por temor a ser detenidos, lo que complica trámites legales básicos.

Ahí entra otro ángulo importante: el acceso a derechos. Especialistas señalaron que no basta con que existan leyes, el verdadero desafío es que se cumplan. Y eso implica coordinación entre gobierno, sociedad civil y organismos internacionales.

También se puso sobre la mesa un tema poco visible: los obstáculos legales que enfrentan los migrantes, incluso en trámites notariales o familiares. Desde la Secretaría de Relaciones Exteriores se han impulsado esfuerzos para mejorar la información y facilitar servicios, pero todavía hay vacíos que afectan, por ejemplo, a familias separadas entre México y Estados Unidos.

En el fondo, la discusión gira en torno a una decisión política: cómo responder a la migración. Como se planteó en el foro, hay dos caminos: la contención o la inclusión. El primero busca frenar el fenómeno; el segundo, gestionarlo de manera más humana y ordenada.

Lo que quedó claro es que la migración no va a desaparecer. La pregunta ahora es si México logra construir políticas públicas que estén a la altura de esa realidad.

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