Jue. Mar 26th, 2026

 

 

Por Juan Pablo Ojeda

 

En Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo puso sobre la mesa lo que, desde su perspectiva, define el momento económico del país: los problemas no vienen tanto de adentro, sino de un entorno internacional que se ha vuelto más complicado, especialmente tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.

Dicho en sencillo, lo que está pasando afuera está moviendo las piezas dentro de México. La mandataria habló de aranceles, cambios en las reglas del comercio global y una política económica estadounidense más dura, que obliga a México a adaptarse rápidamente. En términos de política pública, esto significa ajustar estrategias para proteger la economía nacional sin romper la relación con su principal socio comercial.

Pero no es el único frente. Sheinbaum también señaló que los precios internacionales están pegando fuerte: petróleo arriba de los 100 dólares por barril y fertilizantes mucho más caros por conflictos en Medio Oriente. Esto impacta directamente en cosas tan cotidianas como el costo de producir alimentos o mantener estables ciertos precios.

Aun así, el mensaje del gobierno es de resistencia. La presidenta aseguró que la economía mexicana se mantiene firme, destacando el desempeño del peso frente a otras monedas. Es una forma de decir que, pese al ruido global, los mercados siguen confiando en el país.

Ahora, no todo es externo. Sheinbaum reconoció que dentro del propio gobierno todavía hay pendientes. Usó una frase que ya se ha vuelto común en la llamada Cuarta Transformación: el “elefante reumático”. Según explicó, ya no está tan lento como antes, pero aún arrastra problemas de burocracia que frenan la ejecución de proyectos. Traducido: hay demasiados trámites y procesos que complican que las cosas avancen al ritmo que se necesita.

Por eso, una de las apuestas de su administración es simplificar el aparato gubernamental y, al mismo tiempo, fortalecer la producción nacional. La idea es clara: depender menos de importaciones —sobre todo de Asia— y producir más dentro del país. Esto forma parte del llamado Plan México, una estrategia que busca hacer a la economía más resistente frente a crisis externas.

En el fondo, lo que plantea el gobierno es un equilibrio complicado: navegar un mundo más tenso y caro, mientras se intenta acelerar cambios internos que permitan crecer con mayor autonomía. El reto no es menor, porque implica ajustar tanto la política económica como la forma en que funciona el propio Estado.

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