Vie. Mar 20th, 2026

 

Por Juan Pablo Ojeda

 

La llegada de la primavera 2026 en México tuvo un punto de encuentro claro: Teotihuacán y Chichén Itzá, las dos zonas arqueológicas más visitadas del país durante el equinoccio, donde miles de personas acudieron para participar en rituales y tradiciones que combinan cultura, turismo y simbolismo.

Desde temprano, cientos de visitantes comenzaron a llegar vestidos de blanco, siguiendo la costumbre popular de “recibir la energía” de la nueva estación. Aunque esta práctica no tiene un sustento científico, se ha convertido en una de las expresiones más visibles del equinoccio en México, especialmente en estos dos sitios históricos.

El fenómeno astronómico ocurrió a las 8:46 horas, según el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica, marcando el momento en que el día y la noche tienen prácticamente la misma duración. Sin embargo, más allá del dato técnico, lo que destacó fue la alta concentración de personas en estos espacios emblemáticos.

En Chichén Itzá, el principal atractivo fue nuevamente la pirámide de Kukulkán, donde el juego de luces y sombras genera la ilusión de una serpiente descendiendo por la escalinata, uno de los espectáculos más representativos del conocimiento astronómico de las culturas prehispánicas. Este fenómeno atrae cada año tanto a turistas nacionales como internacionales.

Por su parte, Teotihuacán mantuvo su lugar como uno de los sitios más concurridos, con visitantes que recorrieron la Calzada de los Muertos y las pirámides del Sol y la Luna, en una jornada marcada por el simbolismo de renovación que representa el inicio de la primavera.

Ante la afluencia, el Instituto Nacional de Antropología e Historia implementó un operativo especial para resguardar tanto a los visitantes como al patrimonio arqueológico. Se establecieron restricciones de acceso y se reforzó la vigilancia para evitar daños en las estructuras y garantizar una experiencia segura.

En términos generales, la jornada confirmó que, más allá de su significado astronómico, la llegada de la primavera en México sigue teniendo un fuerte componente social y cultural. Teotihuacán y Chichén Itzá no solo son destinos turísticos, sino escenarios donde convergen tradición, identidad y una forma particular de vivir los ciclos naturales.

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