Vinos mexicanos de mínima intervención ganan mesas urbanas
Etiquetas boutique de Baja, Querétaro y Coahuila apuestan por vinos frescos, honestos y menos solemnes.
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La cuenta regresiva terminó. A casi un mes de partir la Rosca de Reyes, llegó el Día de la Candelaria y con él la tradición que no perdona: quienes sacaron muñeco del Niño Dios tienen que cumplir y pagar los tamales. Para quienes no alcanzaron a hacer pedido o simplemente no tienen tiempo de meterse a la cocina, la Ciudad de México se llena estos días de ferias y festivales donde el tamal es el protagonista absoluto.
La gastronomía decembrina en México evoluciona entre la tradición y la pérdida de ingredientes ancestrales.
En México, el bolillo no es solo un pan: es parte de la vida diaria, del lenguaje popular y de la forma en que millones de personas se alimentan todos los días. Su importancia va mucho más allá de la panadería, porque conecta la historia, la economía familiar y la cultura urbana del país en algo tan simple como un pan crujiente por fuera y suave por dentro.
Pocos alimentos son tan cotidianos y, al mismo tiempo, tan profundamente mexicanos como el bolillo. Está en la mesa del desayuno, en la torta de la esquina, en el susto que “se quita con un bolillo” y hasta en el lenguaje popular. Pero aunque hoy lo sentimos propio, su historia es el resultado de encuentros culturales, migraciones y adaptaciones que marcaron la cocina del país.
Richard Hart, panadero inglés en la Roma, se disculpó tras decir que en México “no existe la cultura del pan”.
El histórico Café La Pagoda se viraliza en 2025 por su pastel tres leches, su ambiente tradicional y su servicio las 24 horas en pleno Centro Histórico.